Thursday, January 3, 2013

Toys' RSE


Llegan estas fechas y, ¡ay!, inevitablemente, el apetito, o quizás la necesidad, de hacer regalos se multiplica (y otras rarezas, como la de cantar canciones ya muy amortizadas, comer productos casi hidrófobos, o acicalarse con cuernos de reno). Esta explosión de la demanda también caracteriza la industria juguetera, para la que el periodo navideño genera más del 70% de la facturación anual. Es importante, por lo tanto, que en este momento en el que nos abandonamos a la irracionalidad, asimilada erróneamente a la ilusión y a los buenos sentimientos, intentemos ajustar nuestro comportamiento de consumidores para que la RSE pueda tener un papel más relevante en el mundo del juguete.

Ante todo, deberíamos dar más trascendencia a cuestiones de calidad y seguridad que muchas veces obviamos y que son, sin duda, prioritarias. Deberíamos valorar, también, el impacto medioambiental de productos que, por su propia naturaleza, suelen tener una vida limitada, y no sólo considerando su proceso de fabricación o los materiales utilizados, si no también el lugar de su elaboración. Hoy China produce, a través de más de 4 millones de personas, el 80% de los juguetes que se consumen en el mundo, y no es difícil entrever las repercusiones generadas en términos de condiciones laborales, materiales y procesos de elaboración utilizados, y logística de trasporte necesaria.

http://www.flickr.com/photos/dfuster74/7236714314/
Otra cuestión, más social, es la del valor educativo de los juguetes. Entiendo que no sólo podamos regalar microscopios o juegos de construcción en madera, pero sí deberíamos tratar de romper los esteriotipos machistas o bélicos. Si los juguetes contribuyen a forjar los hombres y mujeres del futuro, ¿no deberían incorporar aquellos valores que queremos transmitir a las próximas generaciones? Entiendo también que es difícil no comprar lo que reclaman los niños, como ese superhéroe híper-musculado que se pone verde al gritarle ¡uranio!, pero me parece importante hacer un mayor ejercicio de responsabilidad y de espíritu crítico. Quizás, y a parte de los propios juguetes, que todos quisiéramos educativos, de bambú, y hechos local y artesanalmente, también deberíamos enseñar a jugar de manera distinta, imaginando, compartiendo e incluso "fabricando" los propios juguetes, como se ha hecho durante tanto tiempo.

El juguete juega, sin duda, un papel esencial en nuestros hábitos ulteriores de consumo, así como en las relaciones sociales que establecemos y en nuestros referentes culturales. Si somos, en parte, los juguetes con los que hemos jugado, creo que éstos deben incorporar mejor los desafíos medioambientales y sociales presentes. Sólo así serán una verdadera apuesta de futuro.

Saturday, November 17, 2012

La RSE en manos de los becarios


Estoy seguro que cualquier persona que haya trabajado en el área de Responsabilidad Social Empresarial (RSE), se ha visto enfrentado a esa misma situación paradójica en la que uno constata cómo gran parte de trabajo ligado a la RSE, se encuentra en manos de becarios.

Digo que es una paradoja porque las empresas, sobre todo las más activas en este ámbito, gastan bastante dinero y recursos en vender una RSE estratégica, que se encuentra en el corazón del negocio y que es parte inherente de los valores de la empresa. Sin embargo, no dudan en externalizar justamente la definición y reflexión de esa RSE en consultores que no pertenecen a la empresa, y el trabajo efectivo (bien hay que compensar del algún modo el costo de aquellos que cobran por horas), en becarios.

El uso de becarios no es intrínsecamente negativo, es verdad que personas que llevan poco tiempo dentro de una entidad pueden ayudar a ver de una manera más clara y objetiva los desafíos planteados por una empresa, y es cierto que los jóvenes suelen tener más inquietudes y una mayor (o menos corrompida) conciencia social y medioambiental (por cierto, también parece que existe un sesgo del becario). Sin embargo, hacer recaer en ellos gran parte del trabajo me preocupa pues no asegura una continuidad adecuada en la reflexión y en los proyectos llevados a cabo. Esta situación tampoco permite que la RSE penetre en la gestión real de la empresa, en sus procesos operativos, en su toma de decisiones, en sus inversiones y, por último, en la propia cultura de empresa.

El último punto, y quizás el que me parece más importante, es que si quiere predicar con el ejemplo, lo que no parece una mala idea, los becarios deberían dejarlo de serlo, pues el desarrollo sostenible y la precariedad laboral no parecen hacer buenas migas. He podido ver cómo grandes empresas - a falta de tener empleados dedicados a tiempo completo - han de apoyarse permanentemente en el trabajo de los becarios. Si la RSE quiere ser creíble, debe ser capaz de involucrar y hacer partícipe a los trabajadores relevantes y con capacidad de evolución dentro de la empresa. 

Wednesday, October 17, 2012

La RSE zarandeada por la Economía del Bien Común


Durante estos días he podido disfrutar de la lectura de “La Economía del Bien Común” de Christian Felber. 

Me ha gustado pues entiendo que:

1. resulta necesario buscar e identificar alternativas a los sistemas económicos actuales
2. es preciso volver a hablar de valores en la gestión de nuestras relaciones sociales, como la confianza, la honestidad, la cooperación o la responsabilidad
3. el libre mercado (o capitalismo descontrolado) tiende, por naturaleza, a situaciones anti-democráticas (al buscar crear tamaño, concentrar el poder, eliminar competencia, sobreexplotar los recursos, influir en la legislación, etc.)

http://www.flickr.com/photos/agirregabiria/7120701515/
Creo que el modelo descrito - en el que la RSE como tal desaparecería, pues sería regulada y obligatoria - es más teórico que alcanzable a corto plazo, aunque sí comparto bastantes conclusiones (más allá de la obligatoriedad de que los empleados puedan disfrutar de un año sabático cada 10 años trabajados). 

A la espera de transformar modelos económicos y sociales, sí me gustaría que la RSE actual asimilara aspectos como el de la necesidad de elaborar un balance, anual y público, que fuera más allá de las cifras financieras y que incluyera, por ejemplo, aspectos como las condiciones laborales y la política de remuneración, el impacto medioambiental y el comportamiento ecológico, el trato a clientes y proveedores, así como cuestiones de gobierno corporativo sobre la transparencia y la participación.

Las empresas deben empezar a buscar y desarrollar su plusvalía social y en este sentido hay que reconocer que hoy, independientemente de la falta (o presencia) de buena voluntad, la RSE muy pocas veces forma parte de la gestión efectiva de la empresa, lo que limita mucho su alcance. Si esto no cambia, deberán cambiar, de alguna manera, las reglas del juego.


Wednesday, August 22, 2012

El primer reto de la RSE


http://www.flickr.com/photos/kheelcenter/5279085921
En tiempos de crisis (y lamento este inicio, más utilizado ya que el “Érase una vez …”), suele cuestionarse la relevancia, o capacidad, de las empresas en poder llevar cabo su labor de Responsabilidad Social Empresarial (RSE).

Desde mi punto de vista, es justamente en estas circunstancias (y sin vicisitudes no habría desafíos) que las empresas deben cumplir con su primera responsabilidad social: la de preservar de manera sostenible el empleo. 


Situaciones recientes, como los EREs anunciados durante este mes de agosto por Acciona o Teletech (en lo que parece una deslocalización encubierta de los servicios prestados a los grandes operadores de telefonía móvil), son difícilmente justificables si se tienen en cuenta las desastrosas consecuencias económicas y sociales. Salvaguardar el empleo de la empresa debe ser siempre una prioridad, realizada a través de una administración honesta, íntegra, equitativa y transparente del trabajo. 


Soluciones: una gestión previsional adecuada del empleo que permita planificar a largo plazo, garantizar la empleabilidad de los colaboradores durante su carrera profesional mediante programas de formación continua, asegurar una ágil y eficaz movilidad interna, o el gran reto, ofrecer un diálogo abierto sobre la repartición del tiempo de trabajo en la organización que permita incorprar los deseos colectivos e individuales de los empleados (¿no deberíamos compartir mejor el trabajo dentro de nuestra sociedad?).


Es cierto que las empresas deben, ante todo, garantizar su propia sostenibilidad, pero resulta incomprensible que entidades ampliamente beneficiarias deban reducir sus plantillas. Si esto ocurre, se trata de mala gestión, y por lo tanto del incumplimiento de la responsabilidad de aquellas personas que reciben (bastante) dinero por gestionar de manera apropiada una empresa. Pero la política de remuneración es ya otra historia (y otra responsabilidad social) que también deberemos abordar … 

Thursday, July 19, 2012

¿Me río de Río?



http://www.flickr.com/photos/isdr/7418731018/
Un mes después de la finalización, no sin cierta desazón, de la Conferencia de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible, apodada Rio+20, parece que es necesario incluir en la debacle, la Responsabilidad Social Empresarial. 


Digo debacle, o fracaso, el hecho de que ni tan siquiera en un contexto en el que se apelaba a las buenas intenciones (y mejores propósitos), se recurriera a la RSE como posible solución, elemento de respuesta, o incluso mero instrumento de diversión, en la visión del “futuro que queremos”.

La Declaración de Rio+20 sólo menciona una vez la RSE, en el párrafo 46 de los 283 con los que cuenta el documento final de la conferencia. 


Concretamente, se indica: “ …Apoyamos los marcos de política y normativos nacionales que permiten a las empresas y la industria promover iniciativas de desarrollo sostenible, teniendo en cuenta la importancia de la responsabilidad social de las empresas …”. Excelente, la mención elimina casi de un plumazo una de las características principales de la RSE, su voluntariedad.

El escaso protagonismo otorgado a la RSE, así como a las empresas, constituye una buena prueba de su falta de credibilidad, me temo que en este caso de manera sostenible y duradera.

Si la visón común de los representantes de nuestros países, no hace un mayor hincapié en que las empresas deben asumir plenamente sus responsabilidades sociales y medioambientales, y que deben cumplir con la necesidad de crear valor para (toda) la sociedad, habrá , puestos a elegir otro mal juego de palabras, que preocupa(rse). Éste será el hilo conductor de las reflexiones que quisiera recoger en este blog.