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Desde mi punto de vista, es justamente en estas circunstancias (y sin vicisitudes no habría desafíos) que las empresas deben cumplir con su primera responsabilidad social: la de preservar de manera sostenible el empleo.
Situaciones recientes, como los EREs anunciados durante este mes de agosto por Acciona o Teletech (en lo que parece una deslocalización encubierta de los servicios prestados a los grandes operadores de telefonía móvil), son difícilmente justificables si se tienen en cuenta las desastrosas consecuencias económicas y sociales. Salvaguardar el empleo de la empresa debe ser siempre una prioridad, realizada a través de una administración honesta, íntegra, equitativa y transparente del trabajo.
Soluciones: una gestión previsional adecuada del empleo que permita planificar a largo plazo, garantizar la empleabilidad de los colaboradores durante su carrera profesional mediante programas de formación continua, asegurar una ágil y eficaz movilidad interna, o el gran reto, ofrecer un diálogo abierto sobre la repartición del tiempo de trabajo en la organización que permita incorprar los deseos colectivos e individuales de los empleados (¿no deberíamos compartir mejor el trabajo dentro de nuestra sociedad?).
Es cierto que las empresas deben, ante todo, garantizar su propia sostenibilidad, pero resulta incomprensible que entidades ampliamente beneficiarias deban reducir sus plantillas. Si esto ocurre, se trata de mala gestión, y por lo tanto del incumplimiento de la responsabilidad de aquellas personas que reciben (bastante) dinero por gestionar de manera apropiada una empresa. Pero la política de remuneración es ya otra historia (y otra responsabilidad social) que también deberemos abordar …

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